SEGUNDA ETAPA, SANTILLANA DEL MAR – COMILLAS

   FOTO SEGUNDA ETAPABajo una plomiza y pertinaz lluvia, que provocaba preocupantes miradas al cielo buscando un esperanzador indicio de claridad en las cerradas y oscuras nubes, iniciamos nuestra segunda etapa del camino en la colegiata de las tres veces mentirosa villa de Santillana del Mar. Avanzábamos por sus escurridizas calles empedradas, fuertemente pertrechados para soportar la lluvia.

   Abandonamos Santillana del Mar, sus empedradas calles y la lluvia, poco tiempo después de iniciada nuestra jornada, estrechos caminos asfaltados, interminables prados exultantemente verdes, y el sol jugueteando con las nubes, será lo que, sorprendentemente, nos espera hasta dos kilómetros antes de nuestro destino de hoy, que discurrirán por una senda de tierra compactada con piedras irregulares.

   Despojados de nuestras prendas para el agua, recuperado el optimismo típico de nuestro camino y con unas esplendorosas vistas de los montes cántabros, el avance era rápido y vivaz.

   Continua sucesión de llevaderas subidas y bajadas, algunas algo exigentes, será la característica de la ruta. Desde el alto de la Iglesia de S. Pedro de Oreña nos extasió la paleta de colores verde-azulados del mar Cantábrico a la izquierda de nuestro camino, las imponentes cumbres nevadas de los Picos de Europa en el flanco derecho, y la alegría de ver que el cielo no presagiaba lluvia.

   Sorprendidos por la inesperada e impotente estampa de la Iglesia de San Martín de Cigüenza, rodeada de árboles, al pie del camino y como debió estar durante siglos, al servicio del peregrino, tanto que no sorprendería ver salir de ella a un peregrino del medioevo.

   Parada y fonda en Cóbreces, con la estampa de su Abadía Cisterciense de Viaceli, y la Iglesia de San Pedro como inmejorable telón de fondo.

   Desde Cóbreces bajamos a nivel de mar, pasamos junto a su playa y nos espera el ascenso más riguroso de hoy. Y tras un acompasado caminar llagamos a la señorial, universitaria y palaciega ciudad de Comillas, digna de una pausada y profunda visita. Y ahora esperando con impaciencia la tercera etapa, Comillas-Colombres

 

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